Cápsulas de nuestra sangre

Amanezco con el rocío detrás de la cara. Y digo “un hilillo de íntimo salado se está dejando una estela sobre mis minutos, a cuentagotas” Bajo los primeros soles impetuosos del verano, parezco un otoño libertario -bebedero sin fortuna de mirlos en… ¿Salinetas?-. Y los cristales livianos, abiertos a la claridad, ahogan nuestras horas, que se miran adentro.

Veo: bombonas de oxígeno a presión. Hay: cuchillos ordenados en progresión, tamaño creciente. Entro: y el techo de nuestro almacén industrial se va a socavar… Hay: encima del techo piscinas saladas de chalets y bungalows. Sigo: caminando por la nave industrial, me gruñen los gatos más ágiles y vetustos, solitarios. Pero mi mano te la ofrezco y me refugias al tanto que pasamos junto a garrafas de dos a tres metros de alto. No quiero preguntar: sé que contienen la sangre de mis ancestros… No me siento caminar pero llego a… Abuelos, bisabuelas que se mataron por conservar la libertad, por derrocar la libertad… llego a unos inmensos tanques industriales de sangre y no me mareo: son mi herencia. No me sorprenden las proporciones de los tanques: son arquitectura modernista del siglo XXI. Y subo: las escaleras adosadas a uno de los estanques redondos rojos, que se alzan hacia el cielo para vejar al sentido de lo natural…

No. Con esto no hablo de las heridas y zanjas estériles sobre campos de cardones y basalto, no. Estas rojas escarchosas y coscos encarnados son lo mismo que la sangre, los huesos enterrados de quienes dijeron : “No, discrepo. Nunca aceptaré esta España ilegítima.” En otras palabras, España fagocita a España, unos meten en fosas a sus otros hermanos. ¿Fagocitosis hoy olvidada? La sangre gotea, el dolor de los represaliados cae a los hijos desde la base de los tanques… Sigo, deslizándome por la avenida descendente, ascendente, recta sin saber que estoy caminando despacio pero fluido por el tiempo.

Solo estoy: sosteniendo piscinas saladas sobre mi cabeza… y me pesan y nos tapan la vista del camino. El cielo se nos nubla y sentimos que es nuestra culpa. El cielo ahora nos pesa y nos volvemos sombra de la antigua Vergüenza Original. Él sabe que algunos somos vástagos de golpistas… Y no puedo con la piscina comenzándome a explotar, no. No puedo: verte. ¿Por qué? Si esta libertad, camino abierto, nos fueron asignados al nacer. Pues, podemos retomar el agua.

Publicado por Alberto con V

Escritor de relato radicado en Gran Canaria. Amante del mar y de las pluvias que enriquecen y dan verdor.

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