Escucharse | Montaña de la mujer (Yacim. arq. Cuatro Puertas)

A la mañana siguiente no sudé por los poros no salí al sol no recé por tu dios. Escuché mis emociones e intuición; recoloqué el tempo de mi fondo. Me quité la tirandera y me sangré un poco la nariz de un soplo, spray tierno que es rojo de elegir con libertad. En cierto modo soy| soy esa sangre enfrascada en un pensamiento autodefiniente, expansivo : tiempo-tendones, sensibilidad-red radicular, voluntad-arterias, decisiones-mitosis, y un corazón-psique que siempre llega en mal momento, a contrapelo o a contra d’ellos.

Acabo siendo estos días soledades de guaguas sofocantes dentro de un reiterado aquí. Anhelo emoción pero… Codicio saberes… Y siempre las mismas caras de un camino que siempre me resonó ajeno, chabacano.

Frente a la calima, durante esta luna llena mis arterias me piden que la noche sea fogata y dar a arder mis recuerdos. Aligerarme bajo la Luna Bermeja en carreras frescas sobre el vientre de la montaña de La Mujer. Sobre los huesos de ella, Atlas recostada envuelta en arcillas rojas, declaro lo que nadie se atreve a soltar. Profiero el cántico. Para al fin sentarme descalzo a entonar al barranco lo que amo. Y a enfriar por fortuna mis manos ambidiestras.

Publicado por Alberto con V

Escritor de relato radicado en Gran Canaria. Amante del mar y de las pluvias que enriquecen y dan verdor.

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