Despedirse del Yo suicida | Túnel Julio Luengo

Me encontré un búho muerto 
detrás de un contador
la noche que dejé de quererte.
Un búho con las plumas intactas
que fue inocente y cariñoso.
Esa fue mi certeza así que lo traje a casa
y lo disequé. Duermo junto a él, es mi altar
que vela por mí.

Encontré un motorista muerto
en Las Palmas, una noche que seguía
mi camino paralelo al mar.
Ya no se podía luchar,
solo llegaron los policías
y velaron su cuerpo con plástico verde.
Para que desaparezca
engullido por su silencio...

Mi búho sabe que estamos del mismo lado.
Él como yo, pertenece al monte de la calma y sombra.
La luz me brama pero el tapiz de helechos y la bóveda
me salvan de días estridentes que, con sus cables,
y mala obsidiana, nos sacudimos en emociones nocivas.
Son filos dentro de uno,
que nos rasgan por dentro.
Hierros que me raspan
mientras trato de hacerle ver...
que todo es una canción
que yo sí comprendía, tú solo te perdías.
La primera noche es para : colocar el daño el caldero:
hervir los caballos derramados,
hacerles un duelo de la sangre perdida.

Ese motorista se va. Ahora sé
que él no era tan bon vivant, sino pulcro,
silenciándome con bolsas alquitrosas
sobre la calzada tenaz que le pudo.
Calzada, cauce por demoler en riadas donde comprendo,
que el muerto al que miraban
el búho y el motorista y los asustados, era yo.
Perdón pido a Yemayá, y a los Devas.

Publicado por Alberto con V

Escritor de relato radicado en Gran Canaria. Amante del mar y de las pluvias que enriquecen y dan verdor.

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