Mido los espacios en blanco dentro del texto de la fotocopia. Son 13 espacios con distintas formas y creo que tienen un mensaje secreto.
- Carlos, ¿qué haces con tus apuntes? ¡No los rayes!
- ¿Pero no ves que quieren decir algo? Los que crearon esta tarea tenían un mensaje oculto.
Un largo silencio que acabó con una mosca aplastada con dureza por mi padre. Mi madre reflexionaba, callaba y creo que no me quería creer.
Mi casa es un universo y una grieta a la vez y en ella me paso casitodo el tiempo. Aquí viven también mis padres y mis hermanos Pedro y Horacio. Son gemelos, así que están muy unidos porque nacieron a la vez. Yo, en cambio soy tardío como el Medievo Tardío. Llevo menos años existiendo y aún así estoy ligado a un dolor ancestral. Y es que a menudo me acompañan estas tres presencias.
La primera de ellas es… es… un ser aterrador. Es quien mueve las agujas de los relojes… El señor Conejo Negro no es contable pero se le dan muy bien las mates, lleva la cuenta de los minutos de vida que nos faltan. Son muchísimos minutos pero él puede decirlos en años, en meses o como sea sin ninguna dificultad. También es el demonio de la ansiedad. Siempre viste muy elegante, en blanco gris y negro. Es alto como los tipos del libro Guiness, dos metros mide. Tiene tanta labia que se dedica a engañar y convence hasta al más mísero de comprar cuanto él quiera. Es un hombre con orejas y cara de conejo negro. Pero más que nada, le delata su mirada.
El segundo… no me da tanto miedo… pero… sí. Es peligroso. Es… Caballo, el demonio de la ira y euforia. Se alimenta de la adrenalina porque es un caballo rojo desbocado, cuyas piernas son muy musculosas y me recuerdan a una versión aumentada de las patas de un saltamonte. ¿Saben la potencia que tienen los saltamontes comparando a su tamaño? También es el patrón de los drogadictos.
El tercero es… es como… se parece un poco a mí. Kabra es un ser que no debió llegar a este mundo porque pertenece al fondo de La Grieta. Es una cabra voladora de color plateado que no tiene patas traseras. No las necesita en el aire. Realmente Kabrah (con T’a Marbutá al final), apareció más tarde, en un grafiti que hicieron frente a mi casa. Kabrah es el demonio de los locos, o más bien, el demonio de quienes son percibidos como locos. De ahí salió la expresión “eres un cabraloca”. Kabrah es la única presencia que quiere hacer el bien. Pero… no sabe cómo y le da vergüenza aparecer porque no es de este mundo.
A veces, estos tres están en torno a mí cuando desayuno y a la vez mis hermanos discuten y mi madre me dice que me dé prisa. En total son demasiada multitud pero no puedo contar de ellos a nadie por si el señor Conejo me corta la lengua con un hilo de nailon.
El instituto me resulta hostil. No sé por qué, pero cada vez voy menos a menudo y mis padres ya no me lo echan en cara. Encaramado al balcón, miro cómo se van mis hermanos, mi padre, mi madre; me quedo solo en esta casa tan amplia y, aún así, sobrepoblada. Sé que no me harán nada si sigo sus normas. Pero a Sr Conejo negro le gusta atemorizarme con amenazas, culpándome ante mis padres de cosas que hace él.
Ayer llegó una señora joven a la casa. Me sonrió de un modo natural. Y eso me extrañó.
Me hizo muchas preguntas pero ninguna delató a mis compañeros, al menos. Sé que no son buenas influencias. Bueno, quizás Kabra sí lo sea, solo que no la comprenden. Kabra un día me dijo que es un espíritu migratorio, que acompaña a otros chicos, a chicas y a ancianos sobre todo. No sabía si creerla. Creo que Kabra es una mujer. Eso tendría que significar algo, supongo.
La mujer que vino era médico, pero no sé del todo su especialidad. Me preguntó cosas que me dejaron de mal humor. Dice que necesito pastillas o inyecciones. Yo le advertí de que no se acerque a los relojes -le cayó muy mal a Sr Conejo Negro-, no quería que se cayese el reloj de cuco sobre su cabeza. Ni que me hablase de mi vida; ya veré yo que hago con ella. Eso mismo dijo Conejo sobre la chica.
“Ya veré yo qué hago con ella” declamó con una voz grave y autoritaria. Me erizó la piel. A mi desgracia, la médico se dio cuenta y acabó sonsacándome mis presencias. Me preguntaba día tras día, me daba tres pastillas rosas día tras día. Desde que los delaté, vivo y duermo con un miedo atroz que me carcome las entrañas.