Avisos… retrasos… dejan sus huellas detrás en el piso las escaleras el portal. La respuesta está fuera de este pueblo y los ecos. De primeras, mirlos de calle peatonal. Y cuando salgo del nudo de callejas y muros, eriales escuetos tras invernaderos desmontados. La sajada cambia el espacio abre la puerta, llanos de barrillas me llevan a un nido. Tres montañas bermejas custodian, debajo, nuestro patio de helechos. Este será solo una pausa en el camino a la.
Aeropuerto vecino al patio genésico. La libertad rasga una tela si atraviesas tus fronteras. ¿Quizás es que confundo el viaje con la libertad? Tenemos todos, todos tenemos, una caja de cartón. Diferentes colores de las deferentes cajas… ¿Cuánto de ajenas las cajas? Por cuánto… cuántos gajos costaría la buena?
Amigas atesoradas, tierra firme extranjera. Aburguesados nos vimos, nos buscábamos en la farra, cuadrilátero de la noche sabia. Amigas, recuerdo que les dije: «Aparamente», soy. Eso dicen. Aparar, respondiste. Creo que solo tú. Desde la farra de un alcohol aún lúcido y con vuestras voces cercanas. Bella ciudad aglomerante arena del puto gato meón que fuí…
Dicen que el cielo… Dicen que cambiará, para mejor… Me dispongo para mi vuelo. Obviamente, el cielo lo maneja un diablo, pero mi avión lo lleva un piloto diplomático que le sonríe.